Debí haber estado confundida hasta ahora:
si en vez de recoger, la idea es atravesar un camino de deslindamiento.
Si en vez de tomar, la consigna es lograr dejar nuestras partes más etéreas.
Así comencé a regalar todo lo que supe, a olvidar pertenencias en lugares a los que nunca volvería.
Antes conocia y ya no, antes podia inventar mil historias con los objetos que guardaba, y ahora las palabras no existen en los recuerdos que deje morir. Ahora entiendo más.
Más vacíos, más completos. Menos lagrimas.
La vida no es mantenerse vivo y rascarse el higo. Para muchos, en el vagón de este tren, lo es. Sentados se rascan en el medio del ombligo.
Piden a cambio de su lastimosa argumentación unas monedas de compasión.
Es imposible entregar tanto perdón
no a aquellos que se repiten
se repiten lo calvo
se repiten lo manco
o se imitan lo ciego con ayuda de lente color ojo perdido.
Un Orador tiene sida y una hija callada
sus dedos tensos de sujetar la bolsa Ziploc
contiene remedios cedidos por el hospital así como el certificado de su enfermedad.
No entra nada en la cavidad de sus deseos. Cada día más cerrados, los dedos, más aferrados a su condición
de transitar por el reclamo.
Abrá tanto perdón, pero aún no lo encuentro en mí.
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